Lucía Linares Gómez

Profesora y voluntaria de 21Kilómetros

Recogida de Alimentos – Colaboración con el Banco de Alimentos

Seguramente pensarás que recoger comida no es un gran voluntariado al no ser una tarea muy compleja ni desarrollarse en un país tercermundista. Y quizá yo también lo pensaba, hasta que hice voluntariado con el banco de alimentos y pude darme cuenta de la riqueza interior de la gente en la simple acción de dar una bolsa.

A lo largo de la tarde en aquel Alcampo pasaron por mi lado muchas personas, y de cada una de ellas recibí diferentes sensaciones. Desde los que ni siquiera alzaban la mirada para evitar que les pidiera ayuda, pasando por aquellos que mostraban su desacuerdo con el voluntariado, hasta los que estaban tan entregados que dedicaban un ratito de su tiempo para hablar conmigo y contarme su opinión sobre nuestra labor allí.

Tuve la oportunidad de hablar con un piloto muy comprometido con los voluntariados, que había estado llevado en avión comida a países en vías de desarrollo. Un hombre lleno de experiencia, aquella que dan los años y muchos kilómetros aéreos, y gracias a la cual era capaz de valorar la gran labor de los voluntarios que desinteresadamente ayudamos a que el mundo sea cada día un poco más humano. Pasó también una señora, que después de haber aportado una gran bolsa de alimentos, volvió a entrar para seguir comprando porque decía que también harían falta otros productos que no había incluido antes en su bolsa. ¡Cuánta ternura y generosidad vi en ella! En ese momento descubrí su capacidad de ver más allá de las circunstancias, y de ponerse en el lugar de otros.

Cada una de estas personas aportó algo a este pequeño voluntariado. Algunos un paquete de arroz, otros una bolsa repleta de alimentos, y otros un “no gracias”. Hasta hubo quien solo pudo regalarnos una gran sonrisa. Cada cual lo que su conciencia y posibilidad le permitía, pero todos sin excepción hicieron algo muy importante, una elección. Y es que cada día tenemos un amplio abanico de posibilidades por las que decantarnos, y está únicamente en nuestra mano la decisión que tomar.

Yo elijo servir, elijo amar y acoger, elijo sonreír para que el día de todos aquellos con los que me encuentre sea único y especial. En definitiva elijo a Dios, pues es su compañía y su amor por mí lo que me da la fuerza para vivir poniendo corazón en cada acción.

¿Qué eliges tú?

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