Paco López-Seoane Puente

Estudiante de medicina y voluntario de 21Kilómetros

Voluntariado en la Cárcel de Valdemoro – Encuentro navideño de familias

Son las 10 de la mañana y sopla un viento frío mientras esperamos a reunirnos todos. Se nota la incertidumbre sobre el día que nos espera, y ninguno se imagina lo que nos espera. Tras llegar el último nos dirigimos todos a la puerta y vamos atravesando pasillos que nos van adentrando en un sitio desconocido y casi hostil. Llegamos a la zona donde están el salón de actos y el polideportivo. Con un primer vistazo nos hacemos a la idea del trabajo que nos espera, sobre todo si queremos transformar ese lugar en algo totalmente distinto. Empezamos con las mesas, las sillas, las colchonetas, los globos, guirnaldas, canastas… Poco a poco empieza a verse un tímido asomo de alegría, de esperanza, de algo más parecido a un hogar. Sabemos por qué hemos venido a hacer esto, el cómo lo haremos va surgiendo espontáneamente de cada uno. Contamos con la ayuda de unas personas que no nos habríamos imaginado nunca y que tienen incluso más ilusión que nosotros porque quede todo lleno de color y calor. Pasa la mañana y nos retiramos a comer para prepararnos para lo que nos espera… ¡¡casi 60 niños con ganas de jugar!!

Cuando llegan les reciben unos payasos que hacen brotar sonrisas de sus caras y asombro en sus ojos. ¡Es tan fácil hacer feliz a un niño! Sólo basta con una canción, un baile, una caricia, una mirada. Un poderoso mago explora los límites de su imaginación y les enseña que la magia está en dejarse sorprender siempre. Hasta los niños más reticentes empiezan a unirse y disfrutar, la alegría es TAN contagiosa que no pueden resistirse. Pero como todos sabemos, no se puede tener a los niños quietos durante mucho tiempo. Les llevamos al polideportivo decorado con todo nuestro cariño y ahí corren libres, estar con sus familias es lo único que necesitan en verdad. Una piñata, juguetes, los globos, todo vale para unos niños alegres. Y los padres disfrutan de la felicidad de sus hijos. Tras una merienda revitalizadora se vuelven a dirigir al salón de actos y cuando entran se dan cuenta de que algo ha cambiado. Se hace el silencio y aparece la escena del Belén, para recordar la calidez de una familia cuando no queda nada más. Los vestidos están hechos con una creatividad que supera la falta de recursos, ya que con toallas sábanas y mantas (incluso una africana) se puede vestir a los personajes más humildes. Siguiendo la historia llegan los 3 Reyes, que nos recuerdan que lo son para estar al servicio de los demás. Y por ello van llamando a cada niño por su nombre para darle su regalo mientras disfrutan de sus caras de sorpresa y sus lágrimas de felicidad.

Cuando se va terminando la función y van comenzando las despedidas se me acerca un personaje de uniforme, y con una sinceridad que traspasa su habitual firmeza me da las gracias. Y en mí a todas las personas que hemos ido ese día. Porque esto no era una fiesta en un colegio organizada por voluntarios, ni una entrega de regalos en un establecimiento municipal. Era una cárcel. Y el que nos agradece nuestra entrega es un funcionario de prisiones. Nos da las gracias por haber convertido ese lugar en una fiesta infantil y familiar para que los niños pudieran volver a ver a sus padres por primera vez en un año. Los voluntarios nos vamos de allí con la mochila llena de experiencias y reflexiones. Realmente el hogar está allí donde el amor y la caridad superan los prejuicios y donde todos somos iguales, cada uno con nuestras circunstancias, pero necesitados de lo mismo. Como dice la frase: “nadie es tan rico que no necesite una sonrisa, y nadie es tan pobre que no pueda regalar la suya”.

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