Beatriz Muñoz Delgado

Cofundadora y Voluntaria de 21Kilómetros

Voluntariado en la Cárcel de Valdemoro – Encuentro navideño  de familias

“El voluntariado no es de acción, sino de transformación”.

Con estas simples palabras resumió aquella mujer de Tánger la esencia del voluntariado. Hasta entonces lo que me habían dicho y lo que creía era que ponerte al servicio de los demás te aporta más de lo que tú estás dispuesto a dar, pero como todo en la vida, la teoría es  más sencilla que la práctica.

Ahora con perspectiva puedo decir que esa frase cambió la mentalidad y la actitud que tenía, sin embargo, he tardado unos meses en creérmela y sobre todo en vivirla.

Dicen que el hábito hace al maestro, pero yo me pregunto: ¿es bueno acostumbrarse a algo que a penas sientes cada vez que lo haces?

Yo me había acostumbrado a hacer voluntariado de vez en cuando con mis amigas, con el club, en verano. Este se presenta como un plan apetecible, conoces gente nueva, viajas y lo más importante, conoces situaciones de vida muy diferentes a la tuya que te hacen reflexionar. En ese instante se te forma un nudo en el estómago, un nudo de incomprensión y a la vez de empatía, un nudo que te hace ser agradecido, pero que con la vuelta a la rutina va desapareciendo y en su lugar se instalan tus preocupaciones habituales. Esto no significa que no tuviera buenas intenciones, ni que no me moviera la servicialidad, era simplemente que no había llegado a entender lo que realmente es el voluntariado. Me había quedado en la mera repetición y en la acción en sí.

Después de Tánger, y con esta frase en mente, quise hacer nuevos voluntariados. Esta vez pedía no quedarme sólo en eso, sino que quería dejar que esas nuevas vivencias me removieran y que no fueran efímeras. Fue el momento en el que comprendí que lo que nosotros aportamos no es nada en comparación con lo que nos llevamos, y que gracias a esas palabras sinceras y naturales, anhelo esa  transformación de la que aquella mujer me hablaba.

Estas navidades he tenido esa necesidad de ponerme en funcionamiento, y he conocido realidades que no me han dejado indiferente. He ido a hospitales en los que los enfermos nos acogían y nos agradecían el estar allí con sonrisas ligeras y con historias de vidas; he estado con niños cuya salud es inestable pero sus ganas de divertirse son incansables; y he estado en la cárcel, en donde lo habitual sería haberme encontrado con un entorno frío, y sin embargo,  conocí familias que a pesar de las circunstancias, se mantienen unidas.

Ahora que he descubierto esto, es imposible quedarme en lo anterior. No se qué voluntariados me esperan en los siguientes meses, pero una cosa sí que sé, y es que no haré un voluntariado a medias.

“No siempre podemos hacer grandes cosas, pero si podemos hacer cosas pequeñas con gran amor” Madre Santa Teresa de Calcuta

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