Emilio Prous

Ingeniero y voluntario de 21Kilómetros

Voluntariado en la Residencia Loreto – Acompañamiento a mayores

Jueves por la tarde y recibo un mensaje: “¿Te animas a celebrar mañana la Feria de Abril en una resi de mayores?”. La verdad que en ese momento pensé, no tengo nada que hacer mañana por la tarde y, además, como tenía previsto ir diversas ferias este año pues no vendría mal aprender un poquito de sevillanas… iluso de mí la verdad, porque lo que iba a aprender no tenía mucho que ver con el baile.

Una vez aceptada la propuesta, tocaba salir del trabajo y corriendo para la residencia. Ya allí nos comunican que finalmente la feria la celebrarán la semana siguiente, pero que podríamos pasar la tarde con ellos. El plan parecía que perdía un poco de emoción, pero finalmente fue todo lo contrario.

Nos repartimos por la residencia y fuimos subiendo a diferentes plantas donde estaban nuestros “chicos” pasando la tarde.  Bien echando unas cartas, viendo la tele, charlando o merendando. En mi caso estuve charlando con un grupo de señoras, que no perdían detalle a la hora de describir todas las bondades de sus nietos, lo buenos trabajadores que eran sus hijos, sus actuales achaques médicos… y sobre todo muchos piropos hacía nosotros. ¡Lástima que no compartiéramos edad, que si no alguna pareja hubiera salido de allí!

Cuando llegó la hora de la merienda, estuvimos todos en la sala común practicando lo que sería la Feria de Abril de la semana siguiente. La verdad que el nivel de nuestras sevillanas fue bastante flojo, pero bueno, el público fue muy agradecido y nos dieron la oportunidad de practicar una semana más. Después de una cuantas partidas de dominó y alguna canción que se fue improvisando, finalizamos una preciosa tarde con nuestros nuevos amigos.

Allí nos dimos cuenta de que algo que había sido totalmente improvisado había servido para entretener a mayores, todos ellos con grandes historias y que viven sus días allí, con distintos ánimos y motivos. Y que lo que para nosotros podría haber sido un baile cutre o una canción desafinada, para ellos era algo diferente y alegre.

Pasaron los días y al viernes siguiente ahí estábamos de nuevo. Esta vez fuimos un grupo más numeroso, pero nuestros amigos también eran muchos más. En el salón se habían congregado personas de todas las plantas, expectantes de pasar una tarde con nosotros, la situación hasta imponía.

Teníamos farolillos, comida, bebida, guitarra, música… pero seguíamos sin ser expertos en baile. Pero bueno, con ilusión y alegría fuimos poniendo todo tipo de canciones, desde por supuesto, sevillanas, hasta Paquito El Chocolatero, pasando por La Macarena o Marisol.

Siempre se dice que para hacer un voluntariado no hace falta irse muy lejos, y en este caso me di cuenta de que este es uno de esos claros ejemplos. Todos tenemos abuelos, familiares, vecinos… que ya están mayores y muchas veces no les prestamos la atención que requieren. Muchas fueron las veces que nos dieron las gracias por haberles hecho pasar una tarde diferente, dentro de su monotonía, cuando la solución fue una pequeña conversación, una partida de cartas, una simple canción o un baile de aquella manera.

No sé que habría hecho esa tarde en caso de no haber ido, pero seguramente no me habría parado a pensar en cómo entretener a mis mayores cercanos. Y creo que desde ese día veo que esos pequeños ratos diarios, que no llegan a la hora, en los que hay veces que no hacemos nada o cualquier chorrada, pueden suponer horas de entretenimiento para todos esos mayores que tenemos a nuestro alrededor, con una simple llamada o un “¿qué tal estas hoy?”.

Ya sabéis dónde y cuándo podréis aprender muchas cosas: ¡Residencia de mayores Loreto!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *